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Educación y deserción en adultos mayores

Escrita el 08, Octubre del 2015

Se trata de un chiste viejo, pero que no deja de tener validez por más que ni hoy, ni hace un par de décadas, tuviera nada de simpático para nadie, la pregunta era: ¿Qué es lo que trajo México a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico?, la respuesta era entonces y sigue siendo, bajos indicadores.

En efecto, México insistió por todos los medios, con mucho de necedad de Carlos Salinas de Gortari y su camarilla, por ser recibido como miembro de número de ese que se continúa considerando a sí mismo como el Club de los Ricos, aunque lo que le llegamos a ofrecer y a entregar era precisamente una baja sustancial en todos los parámetros que hacen a un país desarrollado, y de los que vale decir, sólo en un puñado muy limitado México ha registrado mejoras como para de veras aparecer como integrante en igualdad de circunstancias de la OCDE, si no nos ponemos al parejo sino en escala, estamos como era de esperarse, en el mismísimo fondo.

Según un estudio reciente de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, se señala que aproximadamente el veinte por ciento de la población adulta en los países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, carecen de las habilidades básicas de lenguaje y aritmética. Claro, este dato es solamente un promedio, y como toda la estadística, esconde más de lo que enseña, porque no es lo mismo ser un adulto en Inglaterra, Francia, Japón, Canadá o los Estados Unidos, que serlo en México, como tampoco es igual ser admitido como trabajador en una empresa en cualquiera de estos países si no sabe uno leer, escribir o contar, independientemente que pueda o no exhibir los documentos educativos probatorios de que sí sabe.

En algunos países de la OCDE el analfabetismo como fenómeno social, y como falla de las políticas públicas y su implementación a través del sistema educativo respectivo, es prácticamente inexistente, no así en México, donde gracias a una de las más accidentadas y casi cabría decir criminales prácticas gubernamentales para elevar en el papel los indicadores de educación vigentes en el país, se da por alfabetizada y por haber completado niveles enteros de educación formal a personas que no pueden demostrar, por carecer de ellos, los conocimientos necesarios, y déjese de que puedan o no pasar un examen, lo que importa es que esos conocimientos son trascendentales para la vida y el trabajo, y careciendo de ellos, las posibilidades de éxito de la persona se ven seriamente reducidas, siendo un agravante terrible, el que se carezca de información confiable sobre el tamaño del problema, de allí que sea doblemente importante recurrir a lo que la OCDE sabe de nosotros, y lo sabe porque nosotros les abrimos las puertas.

De acuerdo con la última evaluación disponible, de nueva cuenta hablando de promedios para el conjunto de países, de entre los cuales vale la pena machacar que México es el último, el 16% de los adultos tienen baja eficiencia en lo que es lenguaje, comprensión de lectura y escritura, y un 19% lo es en matemáticas básicas.

Si éste es el promedio y México se halla en el sótano de los indicadores, eleve usted las cifras a lo que guste, quizá al 40 o más por ciento, es más, sin ir más lejos se pueden equiparar a los indicadores de pobreza dados a conocer por el CONEVAL, pues no es difícil establecer una correlación entre pobreza alimentaria, patrimonial o de ingresos y educación, por más que el indicador de rezago educativo sea de los supuestamente menos graves. 55 millones de pobres, 44 millones de ellos moderados y el resto pobres extremos, seguramente por su propia voluntad, de ellos los adultos son los más proclives a entrar en la estadística que le venimos comentando de la OCDE.

Los autores del estudio señalan que estos grupos sufren, como es por lo demás obvio, de un nivel general de salud inferior al de población en otra situación educativa, como también menores posibilidades y rendimiento en el mercado laboral, demostrando además menores niveles de participación en la vida social y en general, en la confianza de parte de la sociedad hacia ellos.

Ni qué decir que las distintas naciones tienen un gran interés en resolver esta situación que ven como problemática, pero no sólo para taparle el ojo al macho haciendo como que hacen, sino de la manera más eficiente posible, con la intención explícita de no solamente resolver esa carencia en los conocimientos básicos de lenguaje y aritmética, sino de que éste sea sólo el primer paso para la incorporación plena una educación formal que a su vez redunde en sensibles mejoras en su vida.

¿Que es fácil?, por supuesto que no es fácil educar a un adulto que mal que bien, o más bien mal, se las ha ingeniado para llegar a la vida adulta sin depender de los conocimientos que otros consideran indispensables, eso por sí mismo tiene un valor y sobre ese se puede y debe construir un programa educativo que ante todo sea respetuoso de una realidad que ni los planeadores burócratas ni los ejecutores conocen.

El fracaso de los programas de educación de adultos, que es lo que ha propiciado que la proporción de adultos analfabetos respecto de la población total no tienda a cero como deseablemente debería ocurrir, se debe precisamente a no considerar las barreras que se le presentan al adulto para simplemente acudir a las clases o sesiones, como guste llamarles, y también para enfrentar el trámite de compleción, los siempre temibles exámenes que cualquiera pero sobre todo alguien mayor y con una autoestima colgada con alfileres, teme en reprobar.

El estudio de la Escuela de Negocios de Harvard, que puede usted encontrar en http://dash.harvard.edu/bitstream/handle/1/14369096/15-065.pdf?sequence=, da cuenta de un experimento diseñado para mejorar las tasas de asistencia a través de un mecanismo tan común en los tiempos que corren, como el enviar mensajes de texto motivacionales, y en recurrir a recordatorios organizacionales a los estudiantes, elementos que no están construidos con lo que alguien se sacó de la manga, sino apoyados en los principios de la relativamente nueva ciencia de la economía del comportamiento.

Hasta donde el estudio puede demostrar, se comprobó que la intervención a través de esta clase de estrategias tiene un fuerte efecto positivo en las tasas de asistencia a las clases, y que este efecto tiende a ser persistente, apoyando de una manera que nunca se había logrado, programas caracterizados por sus bajos resultados.

Como vemos, opciones las hay, a ver si de todos los mexicanos que están en la estadística de la OCDE, esa que curiosamente contradice la de la SEP en cuanto a grandes logros, consiguen realmente aprender aquello que urge al país que sepan.

Reenviado por Redacción / MasClaro.

Nota original EL Diario

http://www.masclaro.mx/