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Niños con discapacidades que intentan acceder a la educación, han sido marginados dentro de los sistemas educativos

Escrita el 13, Enero del 2016

La menor tiene 12 años y no es víctima de una discapacidad, sino de las personas que la discriminan por tenerla, lo cual aumenta su depresión y frustración por no poder asistir a la escuela.

En las comunidades rurales de México -aún más que en la zona urbana- es difícil encontrar centros educativos que mantengan instalaciones adecuadas para personas que utilicen sillas de ruedas.

“No puedo encargarme todo el tiempo de su hija, no voy a poder empujar la silla siempre y estar al pendiente”, le dijeron en la escuela a la madre de la menor, en una comunidad de la sierra de Durango. “Es difícil vivir en medio de la violencia, lo es peor cuando se traslada a alguien en una silla de ruedas, sin tener un automóvil propio, pero cualquier obstáculo se libra, hasta que te cierran las puertas”, afirma la madre a Revolución TRESPUNTOCERO. 

La menor y su madre han invertido mucho tiempo intentando, primero que le permitieran finalizar sus estudios de primaria y hoy desea ingresar a la secundaria. Pero no es la única, gran número de menores ni siquiera lo intentan, porque ni siquiera tienen una silla de ruedas.

“Los gobernadores, los presidentes municipales se han burlado de nosotros, han regalado sillas de plástico con ruedas, quienes han tenido la mala suerte de recibir una han sufrido caídas y golpes que empeoran su salud, cuando no solamente deberían preocuparse por entregar sillas de calidad, sino también porque se implementen planes para remodelar escuelas, no para fotos de publicidad, sino para instalaciones pensadas en niños con discapacidad, capacitar a los maestros para que no los desprecien y les nieguen el derecho de estudiar”, comenta la madre.

Los niños que intentan acceder a la educación, pero mantienen una discapacidad, han sido marginados dentro de los sistemas educativos. Es así como padecen abiertamente la exclusión, discriminación y segregación en la educación, que también deriva en la negación el acceso a cualquier tipo de educación.

Según datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (ENADIS), siete personas de cada 10, creen que los derechos de las personas con discapacidad no se respetan o sólo se respetan en parte. De la población en México, 23.5 % no estaría dispuesto, o sólo lo estaría en parte, a que en su casa vivieran personas con discapacidad.

Según un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en poder deRevolución TRESPUNTOCERO, en el país viven 5 millones 900,000 personas con discapacidad, de ellos 1 millón 200,000 son niños o adolescentes de hasta 19 años, lo que equivale a 1.46% de la población. En zonas rurales, el 23 % de la población tiene alguna discapacidad.

“El respeto y garantía de bienestar para los menores con discapacidad en México siempre ha sido una falacia, que se ha logrado mantener debido a la gran inversión en publicidad de políticas públicas ‘mientras tanto’, así el gobierno federal hace como que cumple mientras las presión de los organismos internacionales aligeran la presión, porque le importa cómo se le puede juzgar fuera del país, por lo tanto, lo que digan sus connacionales, organizaciones, padres de los menores y los propios afectados no es, ni ha sido, ni será de su interés”, afirma a Revolución TRESPUNTOCERO Fernanda Santana, activista y especialista en atención a las personas con necesidades educativas especiales.

A su vez, explica que en México, de los subgrupos de niños con discapacidades, los menores que tienen discapacidad motriz son los que con mayor frecuencia padecen discriminación y ataques por parte de sus compañeros, ya sea verbales o físicos, debido al nulo control y capacitación de los docentes para inculcar el respeto y la ayuda hacía los infantes.

“Pasa en las escuelas públicas y las privadas, la niñez mexicana no está siendo educada para brindar respeto y ayuda a quien lo necesita, mucho menos para hacerles comprender que las personas que tienen una discapacidad no son inferiores, sin embargo el abandono de esta primicia ha propiciado la discriminación desbordada de este país.

No se detiene, se incrementa, entonces la decisión de los padres truncar su educación, no se puede luchar contra un sistema gubernamental mexicano que propicia los obstáculos para los menores y sus padres, que los ha eliminado de las iniciativas, que se ha negado a los programas que cambien la percepción de la sociedad y las políticas relacionadas con la discapacidad, así su gran contribución a sido la estigmatización, ante la ignorancia”, comenta Santana.

El informe de Unicef da a conocer que 17 % de los infantes de cinco a 11 años con capacidades diferentes no va a la escuela, mientras que 27 % de este grupo poblacional entre 12 y 14 años tampoco va a la secundaria. De los chicos en edad preescolar, 47 % no asiste a una institución educativa.

La experta agrega que aun cuando un niño se encuentre en una institución educativa especial, no garantiza que en ésta encuentre los métodos adecuados para desarrollar todo su potencial, “la inclusión de la que tanto se habla no significa que deriva en sensibilización, existen escuelas que no cuentan con los servicios necesarios para acercar a los menores a la normalidad, lo más que se pueda.

Podemos ejemplificarlo con el lenguaje de señas y la oralización, un rotundo fracaso en el país, cuando el nivel educativo no tiene nada que ver con las capacidades intelectuales de los menores sordos, es un fracaso que ha prevalecido por más de siglo en México, sin que nadie modifique nada”.

Según Instituto Pedagógico para Problemas del Lenguaje (IPPLIAP), en México, la atención educativa que se brinda a los sordos está lejos de alcanzar los niveles esperados de acuerdo a las capacidades de esta población.

“La mayor parte de los sordos en nuestro país y en las condiciones en las que les estamos atendiendo, no ha alcanzado un nivel real de educación elemental, lo cual los limita durante el resto de su vida. Peor aún, muchos de ellos no han adquirido siquiera, un lenguaje eficiente que les permita saciar sus necesidades comunicativas básicas y han crecido en el aislamiento”, asegura un proyecto de IPPLIAP.

A ello se suma que, en México la gran mayoría de los sordos no alcanzan, en las condiciones en las que se les está́ atendiendo, un lenguaje eficiente que les permita saciar sus necesidades comunicativas básicas, ni un nivel educativo acorde a sus capacidades.

“Es innegable la realidad que muestra a niños sordos con certificados de primaria, que no han desarrollado ni siquiera un nivel básico de expresión y comprensión del lenguaje, ni por ende, los conocimientos propios a los primeros grados de educación elemental. Sordos que salen a la calle poco después, a vender estampas y agujas en el metro, porque su ‘integración’ ha consistido en sentarlos durante años en un aula donde no entendieron nunca nada”, se asegura.


Reenviado por Redacción / MasClaro.

Nota original Revolución Tres Punto Cero

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