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Compromisos con la educación y presupuestos

Escrita el 18, Noviembre del 2016

La educación pública vive una crisis de gran magnitud. No se trata sólo de los temas que han alterado el desarrollo de las actividades académicas en educación básica, con motivo de la modificación al artículo 3 constitucional y el papel superlativo otorgado al tema de la evaluación. Tampoco es sólo la obligatoriedad de la educación media superior y antes de la educación secundaria y preescolar. Se trata del sistema educativo nacional, de su diseño y la forma en que opera.

Se trata de los recursos públicos vueltos rehén. Los llamados a la eficiencia, a hacer más con menos, a denunciar el despilfarro en sueldos altos, entre muchos otros temas, no tienen visos de interés real en la mejora de la calidad de la educación, el fortalecimiento de las instituciones y, con ello, una revisión profunda del sistema nacional y los sistemas estatales.

Algunos con más argumentos que otros, pero al final los responsables de la integración de los programas de egreso y los responsables de la educación se disparan al pie, cuando diseñan los presupuestos y los acuerdos mediante los cuales se destinan recursos a programas educativos o a la contención de demandas laborales con cálculos de (supuesto) beneficio político —las más de las veces personales—. La evidencia clara de que estas decisiones no han funcionado son los resultados que presenta la medición de logros educativos obtenidos mediante diferentes instrumentos.

El dato más reciente son los resultados de Planea 2016, instrumento, nos dice la SEP, diseñado para “Conocer en qué medida los estudiantes logran dominar un conjunto de aprendizajes esenciales al término de la educación media superior, en dos áreas de competencia: Lenguaje y Comunicación (Comprensión Lectora) y Matemáticas”. En ambas áreas con una disminución de 2015 a 2016 en el nivel de logro sobresaliente —aunque habrá quien argumente el vaso medio lleno, comentando que se elevaron los niveles intermedios—. El tema es que no aparecen los resultados anunciados.

A ello se suma el hecho de que si bien los resultados de cambio en un sistema educativo no son percibidos de forma inmediata, también es cierto que con este argumento se han pospuesto decisiones de impacto real. La repetición de que “las mejoras ya vienen” y no llegan, produce otro efecto perverso de las decisiones presupuestales y de cálculo político, que se ha traducido en la degradación de las instituciones.

No es nueva la utilización del tema educativo para fines poco nobles. Tampoco es nueva la construcción de conflictos ficticios para aparecer después como salvador, mientras las decisiones de fondo siguen posponiéndose, como acontece en el caso de la educación media superior.

En la Ciudad de México es urgente que la política educativa amplíe el compromiso de fortalecer a las instituciones de educación y ello implica que se articulen de mejor forma las iniciativas que dieron lugar a la creación de la Comisión para la Planeación y Programación de la Educación Media Superior, que se posicione con claridad y certeza la oferta educativa de la ciudad y que la resolución de los temas pendientes se atiendan con compromiso claro para que la calidad mejore y se fortalezcan los servicios.

No debemos olvidar que desde la obligatoriedad de la educación media superior, de acuerdo con la estadística oficial, cerca de dos millones de personas de menos de 29 años de edad no han concluido o nunca cursó la educación media superior. Reconocer que esta población carece de las condiciones de tiempo y recursos para ir a sentarse tres años a una escuela derivado de obligaciones laborales o familiares o pagar para presentar un examen único obliga a pensar en otras alternativas, la más factible es sin duda la modalidad a distancia. En el Instituto de Educación Media Superior de la Ciudad de México hemos integrado una plataforma para ampliar la oferta de educación media superior de junto a la modalidad escolarizada y semiescolarizada, de manera gratuita, considerando para ello fortalecer contenidos específicos que contribuyan a mejorar, también, las condiciones laborales y de desarrollo de la población. Hechos, no palabras, prioridades educativas, y no por presiones políticas, es la ruta.

Reenviado por Redacción / #MásClaro.

Nota original La Cronica

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