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Qué hacer para que México salga del tercer mundo

Escrita el 05, Abril del 2017

En el tema que revisamos y reflexionamos —aunque sea superficialmente— encontramos un enorme cúmulo de problemas que solventar, como por ejemplo: corrupción, pobreza moderada y extrema, injusticia, inseguridad pública, ausencia de calidad democrática, y un larguísimo etcétera, según la disciplina y dimensiones que mejor les plazca o que les acomode para abordarlos, ya sea en el ámbito epistémico o pragmático.

En todos esos problemas encontramos un eje que articula prácticamente a todos los temas. Este es el de la educación y la cultura, pero abordada sin simulación ni prejuicio alguno; tal y como lo enseña el espíritu filosófico del artículo 3° constitucional, característica que se encuentra implícita en infinidad de obras y ensayos científicos especializados, sin excluir desde luego lo postulado por la Organización de las Naciones Unidas para le Educación (Unesco) en sus múltiples estudios y recomendaciones sobre el tópico educativo, vinculado con el desarrollo, pero no visto este solo desde la perspectiva económica, sino también de índole social y política.
Ello significa ver a la educación en dimensiones mucho más profundas, apartados, incluso, del confort que determinado cargo puede eventual o circunstancialmente generar.
Al margen de lo expuesto en el párrafo anterior, y centrándonos en la pregunta formulada en el título de esta colaboración, advertimos que la mayoría de los problemas globales enunciados como ejemplos en el párrafo segundo de esta brevísima reflexión, encuentran su antídoto en la educación y la cultura; útiles estas dos dimensiones para sacar del tercer mundo a todo México.
La Unesco ha postulado que “el desarrollo como tal es inseparable de la cultura.” Aunque también esta se encuentra indisolublemente vinculada de modo natural a la educación.
El reto, señala la Unesco, “consiste en convencer a los políticos responsables de las decisiones y a los actores sociales locales de que integren los principios de la diversidad cultural y los valores del pluralismo en el conjunto de las políticas, mecanismos y prácticas públicas, especialmente del sector público” y, desde luego, con la colaboración de los sectores social, privado y político.
Más adelante expone el citado organismo internacional, que “se trata de anclar la cultura en todas las políticas de desarrollo, que conciernan a la educación, las ciencias, la comunicación, la salud, el medio ambiente o el turismo y de sostener el desarrollo del sector cultural mediante industrias creativas. Así, a la vez que contribuye a la reducción de la pobreza” De tal manera que la educación y la cultura constituyen un instrumento de cohesión social.
En esos postulados de la Unesco, está encerrada la respuesta a la pregunta formulada en el título de esta colaboración. 
En síntesis, ello nos conduce apostarle a la educación y a la cultura, lo que conlleva a invertirle lo suficiente a estas dos áreas, e instrumentar articulada y sistemáticamente las políticas públicas que sean necesarias y, además, que sea auténticamente de calidad, democrática e inclusiva, tal y como lo pregonan los discursos y lo establece la filosofía del artículo 3° constitucional.

Reenviado por Redacción / #MásClaro.

Nota original Debate

http://www.masclaro.mx/