facebook_cono icono_twitter google-plus-icon-100x100 icon7 flickr_logo icono instagram
  
 
Captura de pantalla 2016-08-17 a las 12.46.19


Sistema nacional por la educación

Escrita el 23, Mayo del 2017

A pesar de las innegables problemáticas sociales que existen en nuestro país, en las últimas décadas hemos presenciado algunos avances importantes. La alternancia en el poder de los distintos partidos —a nivel federal, estatal y municipal­— es señal de, al menos, una incipiente cultura democrática. La autonomía del Banco de México ha permitido mantener directrices independientes del gobierno federal en turno y favorecido una cierta estabilidad macroeconómica. El surgimiento del IFE —ahora INE­— y su autonomía, constituye, en el ámbito político, otro hecho importante en ese camino hacia la democracia.

Los dos últimos acontecimientos señalados —la autonomía del Banco de México y del INE— han generado resultados relevantes para el país. El hecho de que se fije la política económica y se garantice la imparcialidad en las elecciones —tomando en cuenta que existen hechos criticables en ambas entidades— ha sido en general positivo y ha mantenido los aspectos económicos y electorales alejados de quien ejerce el poder en ese momento.

Siguiendo esta línea, ¿no sería conveniente pensar en algo análogo para el sistema educativo? ¿Qué pasaría si en México la política educativa de corto y largo plazo fuera fijada por una entidad independiente, apolítica, sin agendas personales, ni “líneas” gubernamentales?

Algo parecido está sucediendo en relación con el Sistema Nacional Anticorrupción, donde precisamente la variable crítica es la independencia respecto del poder federal. La credibilidad de tal sistema descansa, en buena medida, en esa autonomía.

En materia educativa, el foco debería ser la formación de las personas. Desgraciadamente, con no poca frecuencia existen aspectos políticos e ideológicos que influyen en las decisiones educativas. Habría que buscar mecanismos para que la política educativa se libere de influencias ideológicas o factores de presión, mediante el amparo de una instancia dotada de real autonomía, integrada por expertos que no tengan otra motivación que el progreso educativo del país.

Las soluciones relacionadas con políticas autónomas en educación, exitosas en algunos países desarrollados, encontrarían en su implementación serias dificultades en nuestro país. Ciertamente, habría que analizar a fondo la conveniencia de un órgano independiente, con sus respectivos matices e implicaciones. Al mismo tiempo convendría estudiar si desde el punto de vista realista se puede aplicar. En cualquier caso, pienso que no sería ocioso el esfuerzo. Me parece deseable que expertos en la educación, independientes de cualquier partido y poder público pudieran auditar temas educativos a nivel nacional, generar líneas de innovación educativa, implementar estrategias para asegurar la calidad de la educación, etc.

Ahora que comienzan a sonar nombres para las elecciones de 2018 y que están en la agenda tantos temas a nivel nacional, es buen momento para cuestionarse un tema tan fundamental en el largo plazo como es la educación. Y quizá, también, sería relevante plantear un mínimo de agenda exigible a quienes aspiran al poder en 2018.

*Rector del campus México de la Universidad Panamericana.

Reenviado por Redacción / #MásClaro.

Nota original Excelsior

http://www.masclaro.mx/