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Los candidatos y la disputa por la educación

Escrita el 31, Enero del 2018

Casi siempre, las reformas educativas implican un propósito; distinguen un blanco al cual refutar en medio de un contexto cambiante. No obstante, los proponentes de reformas diseñan procesos para alcanzar sus fines y, a veces, son capaces de modificar un entorno adverso. Vale la pena explorar qué podemos esperar en las semanas que vienen de la ficción política que vivimos en este país. Aún no comienzan las campañas políticas, aunque los aspirantes a la Presidencia andan a la caza de electores. Y lo que expresen es una toma de posición

En el terreno de la política educativa —que en este sexenio se ha discutido como nunca—, Andrés Manuel López Obrador aventaja a sus adversarios en declaraciones y ofertas. Claro, sus apuestas van contra la Reforma Educativa que impulsa el gobierno de Enrique Peña Nieto.

El 24 de enero pasado, en Chiapas, insistió en su desafío a la Reforma Educativa, pero esta vez fue más allá de la retórica y esbozó dispositivos programáticos: el inicio de una campaña en forma para desfondar los programas del gobierno. Mientras tanto, como observó Juan Alfonso Mejía, director general de Mexicanos Primero, los otros candidatos guardan silencio. Si bien José Antonio Meade se reúne con maestros y afirma que buscará la forma de recompensarlos mejor, no habla de la Reforma Educativa. Sospecho que el candidato Ricardo Anaya está desprovisto de propuestas.

Los puntos de AMLO se enlazan en forma coherente. Primero asegura: “Va a cancelarse la Reforma Educativa”; luego avanza dos tácticas concretas: 1) “Vamos a llevar a cabo un plan educativo para beneficio del pueblo de México, una auténtica reforma educativa”; y 2) “Vamos a convocar a la unidad del magisterio nacional” (Reforma, 25/1/2018).

Si bien la primera parte de su propuesta es en tono contrario al gobierno; de inmediato ofrece una opción que califica de “auténtica Reforma Educativa”. La piedra angular de su propuesta política consiste en convocar a la unidad de los maestros, tanto a los de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación como a los de otras corrientes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Con dicho concierto entre grupos opuestos espera construir instrumentos para poner en práctica su proyecto que, según él, se definirá el 21 de marzo en Guelatao, Oaxaca.

Por lo pronto, AMLO no define un propósito que ataña a la educación, sólo a la política y, más aún, a la que repercute en los docentes. En su proyecto de nación alternativa habla de aceptar en la educación superior a todos los egresados de bachillerato que lo soliciten y transferencias de fondos a los estudiantes y desempleados. No he escuchado nada de él respecto al derecho a la educación de los niños, a procesos de aprendizaje o fomentar la creatividad.

En lugar de lanzarse contra la tradición corporativa, parece que ambiciona poner armonía en el SNTE; unificar a los maestros como en el pasado, en un ente único, vertical y homogéneo. Me surgen tres interrogantes en caso de que logre galvanizar al sindicato; será: ¿para promover una buena educación, que brinde oportunidades a los pobres y promueva nuevos aprendizajes?, ¿para defender los derechos del magisterio?, o ¿para controlar a la masa de maestros, como en el régimen de la Revolución mexicana?

Si las cosas no cambian de forma radical, el contexto político favorece las aspiraciones de AMLO; es más, su estrategia se encamina a fortalecer la tendencia que lo beneficia.

Pienso que Ricardo Anaya no hará ninguna propuesta sustantiva acerca de la Reforma Educativa. No la atacará porque tiene defensores en el PAN —críticos, pero lo que menos quieren es que se eche para atrás—, como el senador Juan Carlos Romero Hicks. Si Anaya la defiende, parecerá gobiernista.

Es previsible que Meade se lance a resguardar ciertos puntos. Empero, le falta la pasión por la política. Pasión que, según Weber, es uno de los atributos de los políticos con vocación. Si hace una defensa tibia, le dejará a AMLO el terreno; si propone una revisión para mejorar y organiza consultas de diverso tipo, puede, mas no es seguro, que encienda algo de entusiasmo entre quienes ven positiva la reforma. En el segundo escenario, pienso, entrará a la disputa por la educación.

Aunque sé que es una ilusión, me gustaría escuchar debates ilustrados entre los candidatos acerca de la educación de los mexicanos; no sólo diatribas ni apuntes para ganar el voto de los maestros.

Reenviado por Redacción / #MásClaro.

Nota original Excelsior

http://www.masclaro.mx/