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La educación en la tercera transformación de México

Escrita el 17, Julio del 2018

Cuando sucede en el país la tercera transformación con la Revolución Mexicana, aparecen nuevas ideas para la educación popular, las cuales fueron formalizadas a lo largo de los años de lucha armada hasta adquirir la consistencia de postulados. Estos principios exigieron igualdad de oportunidades para todos en educación, la difusión de la enseñanza en todo el territorio nacional y la elevación del nivel promedio de la cultura. 


Una vez que la lucha armada se acercaba a su culminación, Venustiano Carranza prometió difundir la educación en el país, con la participación de la iniciativa privada y con base en las leyes vigentes en aquel entonces; sin embargo, en su proyecto constitucional del artículo tercero, dejó abierta la puerta para que el clero retomara el monopolio de la enseñanza. 

En consecuencia, esta situación provocó que los opositores a Carranza le cuestionaran el carácter conservador de su proyecto constitucional. Tales opositores, de extracción popular, esgrimieron la idea de la enseñanza laica. Y en feroces debates, el grupo jacobino logró desechar la propuesta carrancista y consiguió incorporar en la Constitución de 1917 la propuesta de una escuela laica, con la obligación de la población a educarse y del Estado a impartirla gratuitamente. 

En la primera etapa de estabilización nacional, bajo el gobierno de Álvaro Obregón, fue aplicada la política educativa de llevar la enseñanza a todos los rincones del país. Para ello, se restauró la Secretaría de Educación Pública, con José Vasconcelos al frente de ésta. 

Ante la necesidad de reformar el sistema de enseñanza en sus contenidos y la calidad educativa, Vasconcelos emprendió como acción inicial una campaña cultural, primero extensa y después intensa, que permitió reducir lo más pronto posible la cantidad de analfabetas en todo el país. Para ello, surgieron centros culturales donde los que sabían escribir enseñaban a los demás. También se fundaron las escuelas rurales, primeramente en los pueblos indígenas y después en las cabeceras municipales. 

Debido a estas prioridades de la política educativa de entonces, hubo que desatender momentáneamente las escuelas de educación superior, las universidades. Había que asegurar primero el plan de educación de Vasconcelos: salvar a los niños, educar a los jóvenes, redimir a los pueblos indígenas y difundir una cultura impregnada de humanismo. Por ello, el secretario de educación comenzó desde abajo: combatir el analfabetismo y abrir escuelas con la premura que exigían las circunstancias nacionales, así como crear escuelas técnicas para la formación de obreros calificados y escuelas agrícolas.

Junto con la anterior, el plan operado por José Vasconcelos incluyó el fomento de las artes en todo el país, tales como la música, la pintura, los museos, la biblioteca y la difusión de los clásicos a través de publicaciones populares. A este personaje se le debe que muchos pueblos llegaran a cantar sus propias canciones, que anteriormente habían sido despreciadas, o la música y el arte popular mexicano fueran dignificados en todo el país.

Don Daniel Cosío Villegas señaló, en su libro La crisis de México, que “Vasconcelos personifica en 1921 las aspiraciones educativas de la Revolución como ningún otro hombre llegó a encarnar, digamos, la reforma agraria o el movimiento obrero. En primer término, Vasconcelos era lo que se llama un ‘intelectual’, es decir, un hombre de libros y de preocupaciones intelectuales; en segundo, lo bastante joven no sólo para haber advertido las fallas del porfirismo y lo bastante joven, no sólo para haberse rebelado contra él, sino para tener fe en el poder transformador de la educación; en tercero, Vasconcelos fue el único intelectual de primera fila en quien un régimen revolucionario tuvo confianza y a quien dio autoridad y medios de trabajar. Esa conjunción de circunstancias, tan insólita en nuestro país, produjo resultados inesperados; tanto, que en México hubo entonces una como deslumbradora aurora boreal, anuncio del nuevo día”. 

Ahora, con la anunciada cuarta transformación, habrá que considerar las circunstancias educativas actuales del país, no sólo para evitar la simulación aplicada por los gobiernos que están por terminar, sino para imprimir la energía y la estrategia suficientes para reformar el sistema educativo nacional. La esperanza es de toda la población y exige premura en la solución de los problemas que adolece la niñez y la juventud.

 

Reenviado por Redacción / #MásClaro.

Nota original Educacion EX

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