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Perverso e irracional repudiar la Reforma Educativa

Escrita el 18, Septiembre del 2018

El aspecto más deplorable y pernicioso de las promesas y programa de gobierno del presidente electo radica en su insistencia de abrogar la Reforma Educativa que ha costado tanto desgaste y esfuerzos el tratar de implementarla a plenitud. Lo que constituye quizá el más importante avance logrado en muchos sexenios, que habían venido evolucionando en materia educativa en sentido contrario al progreso, puede ser ahora revertido por el gobierno AMLO al revitalizar las tendencias y fuerzas retrógradas.

El mundo está cada vez más y más inmerso en lo que Alvin Toffler denomina como la sociedad postindustrial o del conocimiento. Se trata de una colectividad planetaria en donde evoluciona a creciente velocidad la importancia del conocimiento, de la ciencia y la tecnología. Se ha dicho que ya no se hablará de países pobres o atrasados, sino que con mayor propiedad se podrá afirmar que se trata de países ignorantes. La formación educativa constituye cada vez más el pivote fundamental del desarrollo de una comunidad.

Echar atrás la Reforma Educativa que ha costado tantos enfrentamientos y desgaste por la brutal rebelión de quienes han visto afectados sus tan excesivos como injustificados privilegios, tendría consecuencias sumamente nocivas para gran parte de la niñez y la juventud mexicanas. Sucesivos gobiernos han sido culpables del deplorable deterioro de la calidad educativa.

Durante muchos sexenios los gobiernos habían venido cediendo, gradualmente pero en forma creciente, sus facultadas para dirigir la política educativa delegando su ejercicio en el excesivamente poderoso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Terminaron siendo los sindicatos SNTE y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de las Educación (CNTE) quienes manejaban de acuerdo a sus muy gremiales intereses la formación de los futuros maestros, el manejo de las normales.

También terminaron controlando la facultad de contratación de los nuevos maestros, los sindicatos eran quienes decidían a quienes sí contratar y a quienes no. Decidían a quienes promover a puestos superiores, a quienes aumentar el salario, la asignación de las localidades de trabajo, a quienes privilegiar ubicándolos en el desmesurado sector de los comisionados que cobraban sin trabajar y a los que cobraban como maestros trabajando en actividades sindicales.

Los criterios de promoción o de otorgamientos de ventajas no tenían que ver con méritos académicos. Eran muchos, demasiados, los maestros de ejemplares dotes y cumplimiento académico que eran relegados para otorgarles prioridad y beneficiar a quienes hacían méritos de lealtad y dedicación a objetivos sindicales, los cuales, especialmente en el caso de la CNTE, consistían muchas veces en participar en huelgas, marchas, plantones, vandalizar instalaciones gubernamentales o comerciales, apoderarse de vehículos, asaltar casetas de peaje, interrumpir circulación de vías de comunicación y súper carreteras, así como otros ilícitos similares.

El más grave problema es que adoptando tales acciones como prioridades, se desembocaba naturalmente en el abierto e irresponsable descuido de sus funciones fundamentales: la educación de los malhadados niños y jóvenes que tenían la desgracia de caer bajo su funesta férula. A eso parece querer regresar el gobierno de López Obrador. Es de vital importancia impedirlo.


Reenviado por Redacción / #MásClaro.

Nota original El Sol de México

http://www.masclaro.mx/