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De la ley de Herodes a la ley de López

Escrita el 22, Abril del 2019

López Obrador solo quiere la Constitución para arrinconarla en el baúl de las reliquias juaristas de Palacio Nacional.

“La ley de Herodes”, 1999, película mexicana, cualquier parecido con la realidad... no es coincidencia: En San Pedro de los Saguaros, un pueblito de México, Juan Vargas (Damián Alcázar) es nombrado presidente municipal interino, que para llevar a cabo su trabajo, recibe por parte de la “autoridad” una pistola y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para ejercer sus funciones... a la larga, son los instrumentos que utiliza para someter con violencia y para administrar la Ley a su antojo. Con la pistola, Vargas intimida a la población; y con la Constitución, se autotorga la facultad que tiene para reinterpretarla, modificarla y aplicarla como mejor le parezca. Él representa a un Estado que se convierte en el espacio que da poder a unos pocos frente a la mayoría, para obtener beneficios personales.

La trama de la película -con diversos hechos que vivimos desde que en 2018 se extendió la constancia de Presidente Electo-, no solo fue ficción en 1999... hoy pasamos de la “Ley de Herodes” a la “Ley de López”; en cierta forma, se retrata el pensamiento, la formación y la personalidad del presidente López Obrador. No hay que olvidar que salió de las filas del PRI de los años setentas, un partido autoritario, lineal, que creyó ser la salvación de México (y de los errores del mandatario emanado del propio PRI) para siempre, bajo la tutela y gracia del presidente en turno; ese era el llamado de los hijos de la Revolución, uno de ellos hoy autodenominado “Siervo de la Nación”.

No, el presidente no puede ser de otra manera, porque sus raíces son muy profundas, por lo que vivió, ya no puede ni quiere cambiar; Andrés Manuel López no podrá negar nunca su formación política; su origen político, que incluso lo llevó a ser dirigente en su natal Tabasco. Salió del PRI porque no fue considerado para ningún cargo en la elección de noviembre de 1988 en Tabasco; tiempo después, diferencias internas también lo llevan a abandonar las filas del Partido de la Revolución Democrática, al que se une con la idea de conjugar pensamiento de izquierda conservadora, con una base de estructura clientelar, opositora a cualquier acción de gobierno, dispuesta a obstruir/destruir, sin posibilidad de dialogar o construir puentes de entendimiento; así fue su paso por el PRI y el PRD.

Con la creación de su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no cambió en lo absoluto, pero por fin logró un partido para él solo. Pasó de ser cola de león a cabeza de ratón.

¿Cómo explicar el memorándum que el presidente envió a tres secretarios de Estado (de Gobernación, de Educación Pública y de Hacienda y Crédito Público), “para detener, dejar sin efecto, las medidas que contempla la mal llamada reforma educativa, todo esto mientras en el Congreso se resuelve lo de la reforma a la Constitución, a las leyes...”? Me pregunto ¿una misiva puede sustituir todo un procedimiento legal y legislativo para derogar o abrogar las leyes? Lo que sucede es que el Presidente cumplió su añejo dicho de “mandar al diablo las instituciones”; ha sido recurrente su afán violatorio no solo de la Constitución, sino de muchos otros ordenamientos legales, en competencias y facultades.

Lo peor del caso es que está convencido de que puede hacerlo por el cargo que ostenta y cree que, por eso, tiene poderes plenipotenciarios para invadir cualquier esfera del poder público. Justifica sus actos con el argumento falaz de hacer prevalecer la justicia sobre la legalidad, en otras palabras, desobedecer leyes -que a su juicio e interpretación convenenciera- son injustas.

Es lamentable el papel de los secretarios de Estado que, entre otros datos, destaca una ministra en retiro (Olga Sánchez Cordero) y un exsecretario de Gobernación (Esteban Moctezuma Barragán), atentos y dispuestos a cumplir con las instrucciones presidenciales, aunque con ello se atropelle nuestro máximo ordenamiento jurídico y se ponga en riesgo la educación de las niñas, niños y adolescentes de México.

Preocupa la necedad del Presidente por rodearse de colaboradores que a todo le digan que sí, porque puede ser un reflejo de lo que se espera de la educación en México; se regresa a la etapa de "lo que usted diga Sr. Presidente". Hay quienes dicen que la CNTE venció a López Obrador... difiero, no puede haber vencimiento de lo que él mismo promueve; él piensa como los maestros de la CNTE, su pensamiento es autoritario, de abuso, de poco crecimiento, mediocre, aunque repita mil veces que se trata de justicia. ¿Y qué pasó con la justicia para los residentes que no han recibido sus pagos; con las estancias infantiles; con los refugios para mujeres violentadas; con la desaparición del INADEM; con la guardia nacional que deberán pagar gobernadores y alcaldes?

Lo que vemos con el Presidente es un problema de narcisismo muy acentuado, pues piensa que todo gira alrededor de él y eso es lo que tiene inmóvil a la administración pública; el repartir dinero, el rodearse de personas incapaces de contradecirlo -esos también priistas de formación que siempre dicen “es la hora que usted diga, señor presidente“-, le asegura un nicho de poder y control electoral que no permite pensar en el crecimiento económico.

Lejos está la cuarta transformación, porque no hay un gobierno que haga buena política pública, porque los servidores públicos que asumieron el cargo a finales de 2018, por acción u omisión, son cómplices de esta ya notable corrupción política que hoy padecemos. Por más que quieran negarlo o eviten reconocerlo, las y los mexicanos dimos importantes pasos para el fortalecimiento democrático de nuestra Nación, y les guste o no, lo hicimos a través de las instituciones, que hoy se encuentran en riesgo por un Presidente que cambia las cosas por necedad, por soberbia, por centralizar, por echar culpas al pasado, por su obstinación, sin hacer caso a nadie, sin entender argumentaciones técnicas, políticas, jurídicas, incluso estratégicas. Su palabra... es ley.

Lo que es importante, es que ese porcentaje de ciudadanas y ciudadanos que votaron por su propuesta política, se den cuenta que detrás de esa bandera de "honestidad", se oculta un firme propósito de persuasión colectiva, a nombre del "pueblo bueno y sabio". "Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces". Tanto repite que es “honesto”, que yo me pregunto si tiene la calidad moral para hablar de honestidad, cuando hay funcionarios públicos en su gobierno con conflictos de interés; cuando la aplicación de la ley es selectiva; cuando reparte el dinero de los contribuyentes y fomenta la improductividad. El cambio que las y los mexicanos esperaban de López Obrador está demasiado alejado de la realidad. Lo reitero, todo va encaminado al país de un solo hombre, lo cual no es sano para las generaciones presentes y mucho menos para las futuras.


Reenviado por Redacción / #MásClaro.

Nota original El Sol de Tlaxcala

http://www.masclaro.mx/