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Canto por la educación

Escrita el 27, Abril del 2015
El grupo de los once ciudadanos está conformado por quien esto escribe y una decena de cantantes. Ellos fueron invitados a compartir su timbre de voz, su estilo interpretativo, su carisma porque, cada uno, a su manera, garantiza un impacto inmediato en el público. Sin embargo, más allá de sus talentos artísticos, fueron convocados porque cada uno sabe pronunciar, con hechos, una frase milagro: “Sí quiero ayudar”.

Conscientes del poder de penetración sensorial e intelectual de la música y de la lectura, así como del abrumador consumo de la primera expresión artística en comparación con la segunda, la acción pedagógica era evidente. Fueron encendidos los motores creativos. Fluyeron las voluntades y fue diseñado un primer modelo de intervención para el programa “Canto por la educación”.

Un libro sería presentado por dos vías convergentes: una, por medio de comentarios distintos, llamativos, curiosos, críticos, anecdóticos alrededor de la forma y contenido de la obra seleccionada; y dos, con una selección de canciones interpretadas en vivo. La función de la música, aquí, no sería la de fondear la lectura en voz alta, ni la de ambientar con cualquier pieza. El canto presentado tendría una misión pedagógica. Las letras de las canciones estarían íntimamente vinculadas con el libro. Buscarían ser un puente directo a lo escrito en el libro para generar, en primer lugar, asociaciones emocionales rumbo a la paulatina aceptación positiva del verbo “leer”.

“Canto por la educación” sería, entonces, un espectáculo de preproducción asertiva. Reseñista y cantante en confortable comunicación, darían entrada al público a una especie de “clase bohemia” donde el libro y sus lectores fueran, en realidad, los protagonistas.

Así comenzó la primera presentación el pasado 23 de abril, Día Internacional del Libro. Aquí, los párrafos de arranque: “Bienvenidos a una velada especial. Una fiesta diferente, extraña, rara. Una celebración inspirada en las contradicciones de los tiempos que corren. Nuestra época, por un lado, proclama la globalización y la unión entre países, pero por otro, tiende a marginar sin piedad a quien no tiene las competencias para el diálogo y comprensión intercontinental. Nuestra época, por un lado, defiende el mundo verde, lo ecológico, lo renovable; y por otro, aumenta sus niveles de contaminación, deforesta y aniquila la salud de su especie natural tan preciada: el ser humano. Nuestra época, por un lado, pareciera que no tiene límite en materia de avances tecnológicos y científicos. Llegan a ser  inexplicables las fuerzas intelectual y empresarial que ponen al alcance interminables cascadas de información tan sólo con oprimir una breve tecla. Por eso, dicen, somos la ‘Sociedad del conocimiento’. Pero por otro lado, ahí están aquéllos, los nuestros y nosotros mismos, avergonzados, desentendidos, extraviados entre unas palabras y otras. Leyendo con avidez, sí, hasta que la vista arde, pantallas de celulares, pantallas de computadoras; una nota, un menú, un nombre de calle; una cuenta, un recibo, un MSN. Y al momento necesario de abrir la reflexión, el debate, la crítica constructiva, nos vemos obligados a encaminar toda la potencia cerebral y emocional para cuestionar a la ‘Sociedad del conocimiento’ con un ‘olakase’. Un diálogo que parte del ‘k onda, uey’ y sigue con un profundo ´nada, uey’ para concluir con un ‘qué güeva, uey’. Pues bien, bienvenidos a esta maravillosa celebración contradictoria. Gracias por aceptar la invitación musical a leer de ‘Canto por la educación’. Intentemos esta noche que el verbo “leer” nos lleve a tener otro tipo de sensaciones. Emociones gozosas, incluso cuando de tristeza se trate. La lectura libera, dice Freire. Siéntanse así, en libertad, en medio de este remanso de libros”.

Aquella noche fue presentado un libro que, en su momento, dio origen a un “Imaginario colectivo”: “Las canciones de José Alfredo Jiménez: una escucha activa” editado por TRILCE y el gobierno de la Ciudad de México en 2013 (Secretaría de cultura y la Coordinación de Fomento a la Lectura y el Libro). Su autora, María Victoria Arachabala, “cubana de nacimiento, nacionalizada española y adoptada por sus amigos mexicanos deja perplejo a cualquiera” (Contraportada).

Los planteamientos de la María Victoria Arachabala son académicos. Era su investigación para obtener el grado de doctora en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Como tal, cuenta con densos parajes de interpretación de contenidos. Su referente teórico vertebral es Sigmund Freud y su teoría sicoanalítica. Pero por sus 694 llamadas bibliográficas aparecen Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Jaques Lacan, Claude Levi-Strauss, Michel Foucault, tan sólo por mencionar a unos cuantos.

Menuda empresa la de “Canto por la educación”. Motivar al público para que se dé la oportunidad de visitar un ensayo así de formal, pero, también, así de sensible y henchido de romanticismo. Espejo del amor y sus muy diferentes manifestaciones. Escenario en el que una pluma como la de José Alfredo Jiménez es irreemplazable.   

A la par de la charla, las canciones interpretadas en vivo ilustraron el análisis de la autora y los comentarios reseñísticos del libro. Varios ejemplos fueron bien recibidos. Para abordar el subcapítulo titulado “El obstáculo” donde son explicados los “frenos culturales” que alimentan la libido amorosa, fueron interpretadas las piezas “Vámonos” y “Si nos dejan”. Para la parte correspondiente a “Recuerdo y repetición”, donde el insistente regresar de las experiencias con la persona amada que ya no está y que alimenta un peculiar estado de consolación, las canciones “El último trago” y “Despacito” auxiliaron a la comprensión teórica. En el caso del subcapítulo, “Amenaza de separación o alejamiento”, estadios que llevan al “sujeto enamorado” a apelar a fuerzas supremas y a sostenerse gracias a la resignación que permite sobrellevar el dolor de la pérdida afectiva, el ensamble musical de “La mano de Dios” y “Un mundo raro” provocaban que el público comprendiera patrones culturales, estéticos, históricos y sicológicos. La música, sus letras y la interpretación en vivo dieron al libro y a la lectura un entorno de sensaciones diferentes. Y con probabilidad, una nueva mirada del público para “leer el leer” con el gozo estético que apela a las fibras sensibles.

Se buscan más cantantes voluntarios. “Canto por la educación” necesita más talento para llegar a públicos y espacios diferentes. Solicita más líderes que abran las puertas de escuelas, empresas, organismos, cámaras, teatros, casas, centros deportivos, bibliotecas, estaciones de radio, de televisión, áreas de trabajo diversas, espacios comunitarios para presentar este espectáculo didáctico-ciudadano hacia un país de lectores constructivos. Cantar y leer, dupla estratégicamente formativa. Por qué no disfrutar la experiencia.

El sí nuestro para participar está en la agenda. Somos Beto Díaz, director de la Orquesta de Beto Díaz; el trovador Juan Carlos Esparza; el cantante Rafael Carreón; el comediante y también cantante Rogelio Ramos; el vocalista del grupo “Sunday News”, Jorge Muñoz; el director de “Voces”, Daniel Macías, y una de las voces más enfáticas de su grupo, Iván de Santiago; el locutor e intérprete Jesús Aviña; el primer lugar del Concurso Internacional de Boleros, José Iván; el acordeonista, compositor, arreglista y maestro de música, José Socorro Guzmán.

Según reportes de la OCDE y la UNESCO, México ocupa el lugar 107 de los 108 países evaluados en torno a sus hábitos de lectura. Pero no es necesario ir así de lejos. ¿Qué lee usted? ¿Con qué frecuencia? ¿Qué siente cuando lee? ¿Qué le significa el verbo “leer”? ¿Ha dado algún paso rumbo a una práctica lectora menos dolorosa? ¿Cómo integra lo leído a su cotidianidad? ¿Qué tan importante es la lectura para su comunicación y desarrollo? ¿Da lo mismo vivir con o sin lectura?

Cierto es que todos tenemos el derecho de no leer, como lo difunde Daniel Pennac. Es respetable. Pero quienes ejercemos el derecho del sí leer, creemos en las posibilidades de transformación que existen en cada ejercicio de lectura activa, donde comulgan de manera única, personalísima, el autor y el lector. Bien lo decía el escritor Rafael Ramírez Heredia: “El libro no es un objeto que está ahí nomás. No, el libro es toda una serie de cosas, de sentimientos, de gustos, de aficiones, de cariños, de aflicciones. Entonces un libro se parece mucho a una mujer. La mujer cuando la quieres y te quiere resulta ser todo. No puedes decir que la mujer es un par de piernas que sostiene un cuerpo con una cabeza bella y, a veces, las más de las veces, una inteligente mente. No, la mujer, si estás enamorado de ella es todo. Te resulta respirable e irrespirable, controlable e incontrolable. Por eso yo creo que el libro se asemeja mucho a esa mujer”.  



“Canto por la educación” reitera su invitación musical a leer. Bienvenidas, peticiones. Tenemos un repertorio interminable. Disponibilidad inmediata. El “sí quiero ayudar” por delante.

Twitter: @RenataChapa